Todos los amigos que me conocen saben que soy un «chinchón». De esos amigos que si no vas vestido de manera adecuada para montar en moto te lo van a decir y más si soy yo el que he organizado la ruta.
No me gusta ser el que le da un toque siempre a sus colegas, pero tampoco me gusta ser el que mira hacia otro lado sabiendo que uno de mis amigos se puede hacer mucho daño si se cae con su moto. Quizás sea mi manera de ser y mi manera de ver la amistad, no como una sucesión de abrazos y alegrías, sino también como una oportunidad para hacerte mejorar como persona y, en nuestro caso, como motoristas. En ambas direcciones oiga… que yo no me escapo de las críticas de mis amigos, ni quiero. Me enriquece mucho.
Mis amigos, cuando me ven aparecer, me quito el casco y les miro de arriba a abajo, ya saben qué les voy a decir si no llevan el equipamiento adecuado. No me importa si no llevas las últimas botas de Alpinestars o Dainese. Pero sí que lleven al menos una bota para motorista que le proteja lo mínimo en caso de chocar con los pinreles en cualquier lado yendo a una velocidad considerable. Alguno me ha aparecido en zapas deportivas…
¿Tú qué preferirías? ¿El amigo que mira hacia otro lado o el que te dice que no vas como deberías ir para realizar una actividad de riesgo como la nuestra? Yo preferiría un amigo sincero que me dijese lo que fuese mejor para mi salud.
También siendo así me he llevado algún corte y me han llamado la atención en plan «métete en tus asuntos» o «no me digas lo que me tengo que poner», pero bueno… son los riesgos de intentar ayudar lo más posible y no ser el que aplaude estas situaciones, pese a que sea muy probable que me lleve el corte.
Intentaré no caer en la desidia de no decirle a mis amigos lo que pienso de su equipamiento. Me encanta que entre nosotros nos piquemos por llevar lo mejor en seguridad para motoristas encima de nuestras perchas. Que en cada salida fardemos del nuevo pantalón vaquero clase AAA que nos hemos comprado, el nuevo chaleco airbag que se ha comprado fulanito con la última tecnología o los guantes chulos con lo mejor en protección dactilar que se ha pillado menganito.
Al final terminas rodeado de personas y motoristas que piensan igual que tú. Disfrutan de la ruta en moto lo mejor equipados que han podido permitirse y volvemos a casa juntos después de cientos de kilómetros encima de nuestras motos. Al final ser un chinchón tiene su recompensa personal.
Y como (casi) cantó Jeanette: «Yo. Yo soy chinchón porque el mundo me ha hecho así»

